Mi máxima vocación a la que vengo a dedicándome en plenitud. Que ya desde pequeño con la típica platilina o miga de pan hacía mis pequeñas figuras. Pero sobre todo por mi espíritu por mi alma, porque soy muy creyente, por mi fe en Jesucristo y su Madre. Para mí es como homenaje permanente a Ellos, es mi mejor expresión artística, por la Fe que les profeso.

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Y porque la imaginería tiene esa “barroquería” que como buen andaluz poseo. Ese dolor que hay que imprimirle y que es parte de la expresión de mi alma artista. La unción sagrada que deben transmitir esos rostros para conmever al creyente e incluso al no creyente.

Son tantos los pasos para la creación de una imagen, que es donde más cómodo me siento, por encontrar en esta creación todo el abanico de las artes plásticas en todo su proceso. Dibujo, boceto, modelado en barro, pasar a madera, terminar la madera, aplicar los yesos, retallar, pulir, encarnar, veladuras,..

Pero a raíz de forma parte de una escuela taller donde pasé por varios oficios artísticos, especialmente por la pintura y la restauración, la imaginería despertó en mi más interés y me lleva a Sevilla donde estuve un tiempo y pude conocer a Antonio Dubé, al que le expongo mi enormes ganas por participar como discípulo en su taller. Casi un año después pude estar en su taller. Allí pude ayudar a diversas tareas y que me dio aún más conocimiento de la imaginería.